El Origen de una Vocación (1948 - 1964)
La semilla de esta obra nació con nuestra Presidenta Honoraria, Nelly EstherJandula. Tras el sismo que conmovió a Salta en 1948, Nelly sintió la profunda necesidad de darle un sentido trascendente a su vida. Años más tarde, en Tucumán, su contacto con la Tercera Orden de Santo Domingo le permitió conocer de cerca la realidad de los niños de la calle.
La Fundación (1964)
En 1964, Esther regresó a Salta con un proyecto de educación y contención. Por providencia divina, coincidió con la búsqueda del Monseñor Carlos Mariano Pérez y el Obispo Auxiliar Mons. Carlos Ponce de León, quienes necesitaban un lugar para organizar a canillitas y lustrabotas.
Con el apoyo de un grupo de mujeres comprometidas y tras diversas actividades para recaudar fondos, el 8 de diciembre de 1964, bajo el amparo de la Virgen y confiando en la Divina Providencia, el Arzobispado de Salta decretó oficialmente la creación de Casita de Belén, “Casa del Pan" como una obra del laicado destinada a la educación y protección de niños desamparados.
Desde sus primeros pasos, la Providencia se hizo presente: donaciones, voluntarios, manos solidarias y corazones generosos hicieron posible que Casita comenzara a funcionar como comedor, refugio y espacio de contención. Nada sobró, pero nunca faltó lo esencial.
Con el paso de los años, Casita fue creciendo. Se construyeron hogares, se abrieron sedes, se ampliaron las tareas. Lo que comenzó en una vivienda alquilada en la calle Catamarca n° 82, creció gracias a la generosidad de muchos:
* Hogares San José y Sagrada Familia: Construidos en terrenos donados por el Arzobispado en Villa San José y Tres Cerritos, gracias al apoyo de la Cooperadora Asistencial.
•Sede Ntra. Sra. del Rosario: Ubicada en el Barrio 17 de Octubre, construida gracias a la donación de la Sra. Blanca Cabanillas de Figueroa para brindar dignidad y valores en una zona de alta vulnerabilidad.
Hoy, Casita de Belén acompaña a niñas y niños durante los 365 días del año, brindándoles albergue, nutrición, apoyo escolar, atención médica, catequesis, recreación y, sobre todo, un entorno donde se sientan amados, cuidados y valiosos.